Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!
¡No podía ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No podía ser!
Dedicado, entre otros, a quienes le estamos leyendo y a Alberto, que está currando con él.
ResponderEliminarSuerte el lunes ^^
Y a mi Seler, que se que le encanta ;)
ResponderEliminarMuchas gracias por la dedicatoria ^_^ La verdad es que Don Gustavo Adolfo me está ayudando bastante por mi 2º de ESO, aunque, sorprendentemente, El monte de las ánimas no les ha gustado demasiado...
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